Safari sonoro urbano
Sal sin auriculares y graba un minuto de sonidos del vecindario: bicicletas, idiomas, campanas, puertas. Después, escúchalo en casa con ojos cerrados y enumera capas que antes ignorabas. Este ejercicio barato refina la atención, suaviza la ansiedad y transforma el ruido en partitura curiosa, útil para respirar mejor.